Capítulo 1: La mirada del horizonte
El aire en el puerto de Qart Hadasht olía a sal, a resina fresca y al humo de las hogueras de pescado. Desde lo alto del Palacio de Asdrúbal, en la colina más elevada de la ciudad, el mar Mediterráneo parecía una lámina de metal bruñido bajo el sol blanco de la tarde. Aníbal Barca no contemplaba la belleza del paisaje. Miraba la línea del horizonte, allí donde el mar se encontraba con el cielo, sabiendo que al otro lado, tras una travesía de varios días, la sombra de Roma no dejaba de crecer. Aníbal contempla el horizonte desde Qart Hadasht, con la sombra de Roma presente en sus pensamientos. Tenía veintiséis años. Sus hombres lo respetaban porque no pedía a nadie un esfuerzo que él no estuviera dispuesto a hacer primero. Vestía una túnica sencilla de lino bajo una coraza de bronce bruñido que le cruzaba el pecho, y su mirada, fija y analítica, rara vez revelaba lo que bullía en su cabeza. Hacía solo unas semanas que los soldados lo habían aclamado como su nuevo general tras el asesi...